Mis padres, desde luego, no conocían mis propósitos, o eso creía yo…

…Porque mi madre me miraba con recelo y desconfianza, aunque no decía nada, y mi padre tenía a veces una expresión ceñuda, o sombría, no podría decirlo con exactitud.

Ambos sabían que me perdía la fiesta, y todos creíamos (incluida yo misma) en nuestro interior que esta vez tampoco iba a ser una excepción.

Bueno, ya veremos.

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