Apoyo Escolar

Estoy impartiendo Apoyo Escolar en el Centro Cívico de mi barrio de manera voluntaria. Empecé ya en el mes de Octube del año pasado, y continúo sin que me canse.

Al principio teníamos unos cuantos niños gitanos y dos payos, que se sentaban separados a pesar de nuestros esfuerzos por tratar de que se juntasen. Este año los payos han dejado de venir, cosa que no me extraña porque el ritmo de la clase lo marcan los gitanos, es inevitable. De esta manera, los niños que son más aplicados no aprenden, e incluso corren el riesgo de empeorar.

Entonces, hoy por hoy, estamos solas mi compañera (ella no es voluntaria) y yo, con entre seis y ocho niños gitanos. Qué bien me lo paso.

De hecho hoy fue una tarde especialmente divertida. Tanto que hasta estuve a punto de coger papel y boli y tomar nota para que no se me olvidase nada.
Lo mejor fue cuando mi compañera le dice a uno de los niños, que estaba haciendo una suma de, por ejemplo, 87 más 45, que no le daba salido: “Pero a ver, hombre, ¿cómo se suma?” Y el niño todo estresado y con su peculiar acento le dice “Con los dedos, ¡pero no me llegan!”

Yo me tuve que reír, ya llevaba un rato que no aguantaba más y ahí exploté.

Me lo paso genial con los chavales, se me va la tarde volando. Hoy cuando salí de casa me coincidió encontrarme en la calle con otras niñas gitanas que van al apoyo al centro cívico, pero en otros cursos, y, he de confesarlo, me emocioné. Yo iba detrás de ellas y el hecho de ver como las mayores guiaban a las pequeñas, como iban con sus mochilas y sus melenas, su ropa desgastada y sucia… No sé, me pegó un vuelco. Así de empática que soy.

Entonces recordé los motivos que me llevaron por los senderos de mi profesión, y recordé también por qué me hice voluntaria: para que la experiencia me devuelva lo que me robó la burocracia de la administración.

Un Educador no puede estar picando datos.

Un Humanista no puede estar en una silla mirando el ordenador toda la jornada laboral.

Al menos no uno como yo, que reúno ambos perfiles académicos y laborales en mí misma.

Cuando volví a casa y estaba a punto de empezar a andarle en las tripas al diseño de este blog -que deseo con toda mi alma que se convierta en otra cosa distinta al vertedero de emociones y experiencias tan tristes que me encontré después de tanto tiempo-, va y suena el móvil.

De la Federación de AMPAS. Que si quiero un currillo por horas para trabajar en los coles en un programa de Ocio Educativo. Que si quiero. Casi lloro.

Ya me entrarán las dudas sobre mi capacidad tal vez mañana, pero por ahora voy a disfrutar de la buena noticia. Aunque me paguen poco, aunque las horas no sean muchas, por lo menos es un rayo de sol en el camino.

A por todas.

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