Reconocer a los vampiros emocionales

Les llamo vampiros emocionales a esas personas que te chupan la energía.

Se les conoce también como egoístas, narcisistas, jetas o interesados. Pero interesados en sus cosas, que quede claro.

Todos tenemos a alguien así en nuestras vidas, algunos incluso a más de uno. Familiares cercanos inclusive, más difíciles de reconocer porque se nos entremezclan los sentimientos y es más complicado discernir si esa persona lo hace por tu bien o no. Pero si te hace sentir mal, sospecha.

Nos solemos dar cuenta tarde de que tenemos un vampiro emocional en nuestra vida y, aún sabiendo que nos perjudica, nos suele costar dejar del todo la relación. Siempre están ahí, dándonos vueltas por la cabeza. Desgastándonos, consumiéndonos, pensando si debemos llamarle o pasar de todo. Pensando si le habrá sentado mal esto o lo otro, si tendría que haberme sacrificado más.

A mí en los últimos años se me han presentado de dos en dos. He tenido el honor de caer en sus garras, salir de ellas y tratar de escapar de su círculo de acción, luchando contra mis propios sentimientos, contra mi voz interior que me pregunta si no seré yo la mala. El peor caso con el que me he encontrado fue con el de familiares madre-hija, menudo tándem. Se apoyan mutuamente y parece imposible salir del pozo negro que te construyen. 

Además, estas personas suelen estar bastante aceptadas en los círculos sociales en los que se mueven. Se las suele considerar buenas, dispuestas a ayudar, generosas, etc. ¿Por qué? Porque se lo montan muy bien, y no se les nota nada hasta que la relación comienza a estrecharse. Y cuando esto ocurre y te estás dando cuenta de que algo no funciona, de que tu vida está girando en torno a esa persona y no entiendes cómo ocurrió ni por qué, la otra persona ya te ha absorbido de tal manera que hará de ti lo que quiera. Hasta ponerte a ti mismo en tu contra.

No les importas lo más mínimo, sólo se importan ellos mismos y sus cosas. No le des vueltas, es así y punto. Y a ti te ven como un instrumento para alcanzar sus fines, tanto materiales como espirituales. Te acabas convirtiendo en su pañuelo de lágrimas, en el que le aguanta el rollo de hora y media por teléfono, en el que le acompaña al médico, el que le da consejos sobre qué hacer en cada momento de su vida. Podrías acabar dándole alojamiento en tu casa si el vampiro así lo quisiese y tú no le pusieses ningún impedimento.

Por ejemplo, a mí una de las últimas que me hicieron es que, esa persona que me estaba vampirizando, estaba viviendo una relación familiar tormentosa y un momento vital complicado, eso pensé yo, pero resulta que había sido así toda su vida. Se enganchó a mí para que yo le sirviese de salvavidas y se encaprichó con la ciudad en la que vivo, de tal manera que se quería venir a toda costa.

Yo me dí cuenta porque me sentí presionada, así que fui capaz de ir rebatiendo sus argumentos forzados para venir a pasar una noche a mi casa, o unos días ya puestos… Por ejemplo, el padre de mi novio se puso enfermo y él se tuvo que ir a dormir con él, así que la vampira aprovechó para ofrecerse a venir a dormir conmigo para que yo no estuviera sola (?), y como le dije que no se preocupase que no me encontraba sola y que tenía mucho trabajo, me dijo que además le apetecía verme (?). Dos respuestas absolutamente inusuales en ella.

Detecté que lo que le apetecía realmente a ella era venir a toda costa, y utilizó la excusa de la enfermedad del padre de mi novio para venir sin que yo la invitase. Aguanté sus indirectas como pude, pero ella hábilmente fue estrechando los vínculos hasta que ya no pude más, me empecé a sentir mal en plan “a lo mejor es cosa mía, si la pobre que lo está pasando tan mal quiere venir pues que venga”.

Fue abrir la veda y al día siguiente, sin tener en cuenta mis necesidades ni mis rutinas, se desató el vendaval en plan “mañana voy, si me hacéis sitio para dormir genial”. Está claro que no le voy a decir que no, no le voy a hacer pagar un alojamiento o dejarla dormir en la calle. Como eso ella ya lo sabía, que yo no le iba a decir que no, y como no tiene escrúpulos o más bien capacidad empática, juega conmigo desde un plano superior de control.

Se apoya en el doble sentido de la situación, porque ella puede decir que yo no la acogí bien, que soy rara, que casi la eché cuando traté de decirle que no podía aparecer cuando a ella le apetecía en casa de la gente, que tiene que tener más consideración con los demás. Nunca va a contar que apareció sin previo aviso, obligándonos a mi novio y a mí a acogerla, cuando a ella le apeteció y como a ella le apeteció, pasando por encima de la convivencia y de las necesidades del resto de las personas.

Así actúan, y no hay más que hacerle.

Así que vamos a ver cómo podemos hacer para reconocer a estas personas para poder prevenirlas y tener unas relaciones sanas:

– Parecen hiperamables. Atentas, generosas, mansas. Un tipo de persona con la que entablas una relación especial. Que es como que te lo cuentan todo, que son transparentes, y que te escuchan. Pero ¡ay amigo!, lo que te cuentan es SU versión de los hechos, esa misma que después escucharán las nuevas víctimas sobre ti mismo. Y te escuchan, sí, para conocerte mejor y encontrar tus puntos débiles, para ver si eres el tipo de presa que les va. Al estrecharse la relación, se convierten en egoístas, tacaños y atacantes, que saben como hacerte sufrir. Y son implacables. No dudarán en hacer lo que estimen conveniente si no haces lo que ellos consideran que tienes que hacer. 

Si les sigues el rollo, poco a poco empezarás a verte hablando con esas personas de sus problemas, rompiéndote la cabeza para ayudarles a solucionarlos.

-Porque también suelen dar pena. Este es un requisito imprescindible, junto con el punto anterior. Nos provocan una simpatía innata porque nos da la impresión de que es gente que lo está pasando francamente mal y, como parecen tan buenas personas, tan sacrificadas y que penan tanto, merecen ayuda. Porque tienen mala suerte. Porque son VÍCTIMAS. He aquí otro dato clave. Porque tú piensas que es un momento vital concreto que están atravesando pero no, son así siempre.

-Así que de repente te encuentras haciendo cosas que no tenías pensado hacer, pero que haces para complacer al vampiro. Eso te hace sentir mal contigo mismo, pero si dejas de hacerlo te sentirás mal por esa persona. Entras en una espiral de autodestrucción muy peligrosa.

-Todo eso es por el temor a decepcionarlos. Crees que si los decepcionas los vas a hacer aún más infelices, y desde luego no quieres ser cómplice de su infelicidad. Te encuentras pensando a todas horas en esta relación porque  la última cosa en la que te estaba comprometiendo era muy fuerte ya, o el último comentario te hirió la autoestima, crees que se está pasando con su actitud pero claro, está mal la pobre o el pobre, y tampoco vas a ser tan cruel de darle una mala contestación aunque se la merezca,… y así te pasa el tiempo mientras ellos ya están a otra cosa.

– Se te suben a la chepa. Se te van a subir, da igual como te pongas. Según cojan margen de maniobra, ea, ya los tienes encima. Es como que tienen que equilibrar su balanza de energía y, si la tuya es alta, pues nada, hay que bajarla como sea para que se ponga al nivel de la de ellos. Su intención es que hagas lo que ellos quieren para darse satisfacción a sí mismos. Es decir, sus consejos para ti serán aquellos que piensen que les van a beneficiar a ellos. Es muy retorcido, lo sé, pero así es. Si fuera sencillo los podríamos reconocer a la primera, y no cuando ya nos han jodido de pleno.

-Otro dato: suelen elegir a personas con cierta alegría de vivir y que se quejan poco. Buscan lo que ellos no tienen. Y como no entres en su juego no te volverán a llamar ni para desearte Feliz Navidad. A por otra presa, tú ya no les sirves. Te harán un mobbing extraño y, de pasar a llamarte casi todos los días, de repente desaparecerán de tu vida. Tú creerás que es por tu culpa, que algo hiciste mal, pero no es así: ¡lo has hecho bien! Una persona equilibrada y normal con la que sí es agradable y sano mantener una relación no tiene esos cambios de comportamiento tan radicales.

-Otra manera de desenmascararlos: prueba a hablar de tus problemas. A ver cuánto aguantan escuchando. Te dirán que esos no son problemas, que tú que vas a quejarte con la vida tan buena que llevas, que mira yo que me pasa esto… y ya estás en sus redes otra vez.

-Y cuando a alguien le pasa algo, lo trasladan inmediatamente a su realidad. Por ejemplo, una amiga ha tenido que ingresar en el hospital por un dolor terrible en el tórax. Un vampiro se preocupará por la persona pero con el único fin de conocer cuáles son los síntomas y cuál es el diagnóstico para estar prevenida por si le pasa a ella algún día. Realmente le da igual el estado de salud de esa persona, sólo le importa el suyo propio. Pero no se le va a notar porque preguntará igual por ella e incluso irá a visitarla a ver cómo se encuentra. El caso es que su último interés es sí mismo.

– Suelen funcionar por teléfono o por email. Necesitan estrechar las relaciones cuanto antes para ver si les sirves. Van tanteando, tanteando y, cuando te das cuenta, ya los tienes insertados en tu vida.

– Y no les gusta nada hablar claro. Hablar claro sobre ellos, vamos, sobre todo cuando los has pillado. Si por ejemplo tratas de decirle “mira, es que esto me ha parecido mal” con el fin de arreglar una de las múltiples situaciones complicadas que se te presentarán con ellos de por medio, en seguida entrarán en pataleta y acabarás aún peor de lo que empezaste porque serán capaces de darle la vuelta a la tortilla y hacerte quedar a ti como un ogro. Para los demás e incluso para ti mismo.

Así hizo la vampira de mi ejemplo. Le dije que hubiera preferido que viniese el fin de semana como acordamos, en lugar de haber aparecido cuando ella quiso y entre semana, ya que tenemos cosas que hacer. Se lo dije porque presuntamente teníamos (obsérvese el “teníamos”) una buena relación y creí que eso se podría decir en confianza. Pues cuál fue mi sorpresa cuando comenzó a amenazarme con que se iba. Que no entendía que me molestase tanto, que ella está en el paro y tampoco tiene nada que hacer, que tampoco le parece tan terrible venir un jueves en lugar de un viernes. Le habían dado igual mis explicaciones.

El resultado es que te sientes como el culo. O aún peor, te dicen que perdones, que no se han dado cuenta, que vaya hombre, mientras te están lanzando una maldición gitana. Y no te dejarán en paz diciéndote que lo sienten, y acabarás sintiéndote mal también. Y lo contarán a diestro y siniestro para que vea todo el mundo cuán susceptible eres y lo buenos que son ellos reconociendo sus errores. Sea como sea, siempre parecerá que eres tú el que se equivoca.

Y ya ves, da igual lo que hagas, con esta gente siempre te sentirás mal. Y no, no estás loco si piensas que esa persona es un poco rara, que esa reacción que tuvo aquélla vez fue desmedida, que se queja continuamente y te envuelve en sus problemas, que se te instala en la vida y no sabes de qué manera ha pasado, que después de hablar con ella te queda una sensación de malestar extraña y que si no hablas con ella también, que tienes la sensación de ser una pieza de su tablero, pero tampoco es eso. Que no sabes bien qué ocurre, pero esa persona te hace pensar demasiado en ella. 

No estás loco. Así que huye, y que se vaya a restregar sus lamentos y a chupar energía a otro lado. O dile lo que te dé la gana si te apetece para que no vuelva a tratar de relacionarse contigo. Porque tú no le importas nada, porque todo lo hace por su propio interés, porque te va a desgastar sobre manera y, cuando tú necesites su ayuda, estará diciéndote por teléfono que cuánto siente que estés mal pero que no te puede ayudar que está muy ocupada y te volverá a contar sus problemas que ahora ves como chorradas, o te dará instrucciones por teléfono de cómo cree ella que puedes hacer (siempre de manera que la situación le beneficie a ella, no a ti), o te dirá quizá que le da tanta pena verte así que no puede con el alma o, lo más probable, hará mutis por el foro porque ya tiene a un nuevo incauto que le aguante el rollo.

Las relaciones con las personas han de ser enriquecedoras, que nos ayuden a salir adelante, recíprocas y satisfactorias. De otra manera se convierten en algo que nos deja tan indefensos que nos quedamos sin fuerza para concentrar la atención en lo verdaderamente importante, que es vivir, y vivir tranquilos.

(Si a alguien le interesa, mi relación del ejemplo es actualmente inexistente. Aún estoy en lucha para superarlo y de ahí este artículo, que es un auténtico expurgo. Así que, si no quieren seguir mi patético ejemplo, practiquen las relaciones sanas, que la vida es muy corta para gastarla con vampiros emocionales y demás fauna).

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3 comments

  1. Hola! Acabo de leer el post de tu blog… no sé ahora no puedo escribir mucho porque tengo un bajón, estoy llorando recordando muchas cosas. Yo viví eso, pero al leer este tipo de cosas al menos pienso, “no estoy loca”. Me está pasando una gran factura y me es difícil superarlo. Yo fui un blanco fácil para esta gente, nunca tuve una familia que me apoyase por lo que siempre buscaba en los demás ese apoyo que no tenía. Se llaman “psicópatas socializados” según Hare (te lo recomiendo). Bueno quizá otro día me pase por aquí y comente algo más mi caso. Gracias por el post ;) Saludos!

  2. Muchas gracias a ti :) Haré caso de tu recomendación y espero de verdad que reúnas las fuerzas suficientes para salir del influjo de estos psicópatas. Yo a veces aún tengo la tentación de volver a caer en sus redes por pena básicamente, son expertos dando pena o haciéndote sentir culpable. PERO me he propuesto un objetivo este año, y es el de rodearme de gente de luz y de cosas de luz; esto es: de todo aquello que me haga sentir bien. Parece mentira que sea difícil, ¿a que sí? Sin embargo, estoy segura de que lo conseguiremos. Arréglate, ponte guapa, haz lo que te gusta. Lucha cada día por tu bienestar y, sobre todo, ¡¡apaga esa voz de la cabeza que te hace sentir mal!!
    Abrazos :)

  3. Identifico todo, todo lo que tu dices. Y es increible. Pero esta gente suele tener mucho poder. ¿Que hacer cuando en venganza te pone ante vuestros amigos comunes como un ogro y el/ella como pobre victima? Porque ellos saben como es, claro que si, pero saben que como no le sigan el juego la cosa tambien se vuelve en su contra. Mejor darte de lado a ti y librarse de la ira del vampiro en lugar de plantarle cara.

    ¿Como hacer con esto? ¿Como demostrar que has sido victima de manipulacion y no agresor? ¿Como hacer para que tu circulo no vuelva a ceder por miedo a su ira o rabieta una vez mas?

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