Aprender inglés

Desde que tengo uso de razón académico he soñado con angloparlar.

Mi primera experiencia con el idioma inglés fue en Primaria, cuando vi escrito el nombre de Shakespeare. No me podía creer que “Xekspir”, una palabra que sonaba bisílaba, se escribiese de una manera tan enrevesada. Y ahí estaba yo, mirando “Shakespeare” y descifrando fonemas.

Pero lo inglés me atrajo desde mucho antes. Con los dibujos de Sherlock Holmes me trascendí a una auténtica dimensión infantil sobre lo brittish. Adoraba aquellos dibujos, tan ingleses ellos. Adoraba a Sherlock y adoraba Londres.

Las cabinas telefónicas y los autobuses eran otros de los objetos situados en categoría preferente en mi imaginario infantil. Y es más: lo siguen siendo, porque mi adoración por Londres y lo inglés permanece intacta. La emoción ya no es de la misma intensidad que de niña, pero aún está ahí. Y no consigo encontrarle explicación.

Cuando por fin conseguí visitar la City, me sentí libre. Nunca una ciudad me hizo sentir tan libre en mi vida, con tanta energía y con tantas ganas de comerme el mundo. Aunque estaba como turista, y todo el mundo me dijo el clásico “oye que no es lo mismo, que la City es muy dura”.

(También Galicia es dura. Y de mollera).

Así que he seguido postergando mi sueño de irme a Londres a aprender inglés. Ya sé que no es el mejor sitio del mundo para aprender el idioma porque hay mucha población migrante, pero a mí me da igual. De hecho, cuando consiga unos ingresos medianamente estables, lo primero que voy a hacer es contratar un curso de inglés y marcharme a vivir la experiencia.

Mientras tanto acometo como puedo la tarea de aprender inglés. Formo parte de un club -que tengo algo desatendido y eso me entristece, porque es realmente muy enriquecedor- que se llama My English Club. Utilizo VOA para afinar el listening. Estuve una temporada con los recursos gratuitos de Vaughan, pero los he ido dejando porque me perdía entre tantas opciones, aunque se me acaba de ocurrir que lo voy a agregar al twitter. El minuto de Richard Vaughan es una útil herramienta exprés. Y después está Youtube, las series en versión original (aunque ahora con el cierre de Megaupload esto es más complicado) y la enseñanza.

En cuanto a la enseñanza reglada, el lugar por excelencia es la Escuela Oficial de Idiomas. Suele haber una por ciudad, pero a mí desde luego me ha servido de poco. Los profesores siguen un método demasiado escolarizado y te preparan más para superar un examen que para mantener una conversación real.

Lo que sí me ha ayudado es aprender con un nativo (pagando, claro, pero tuve la suerte de dar con un australiano que me cobraba 7 euros la hora), mucho más que en academias al uso o en la EOI. Y también mejoré mucho el nivel con un curso del Inem que hice en verano de “Inglés Financiero”, donde tuve la suerte de encontrarme con un profesor irlandés muy parlanchín.

Bueno, y cuando estuve en Londres, claro. A los tres días ya empecé a entender, y a partir del 5º día más o menos dejaba de traducir para mimetizarme con el entorno. Amazing!

Ahora he vuelto a un nivel intermedio, ese gran territorio de nadie, pero descubrí algo muy muy importante, y es que sólo hay una manera de aprender inglés: practicando, practicando y practicando.

Me voy a aplicar el cuento :D

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