Trabajar el tema de igualdad con alumnos de secundaria

Menuda última media hora de apoyo escolar que nos pasamos. Risoterapia 100%.

Mi compañera trajo un cuento ganador de un concurso de un ayuntamiento lejano, y propuso su lectura para trabajar el tema de la igualdad con los chavales de secundaria. El texto es el siguiente (si no se lee no se puede apreciar el cachondeo en el que derivó todo esto):

CUENTOS Y RELATOS GANADORES 2010
CATEGORIA ADULTA

EL VENDEDOR DE IGUALDAD

Mauricio tiene un puesto en la calle donde vende “Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres”. Allí no tiene todos los productos, porque ocupan mucho espacio y el puesto de Mauricio, claro, es pequeño. Mauricio no se pone siempre en el mismo sitio, lee los periódicos y coloca su puestecillo en las zonas donde se necesita más conciliación de la vida personal y familiar, reparto equitativo de responsabilidades domésticas, e incluso, cuidado de mayores y menores.

El negocio le va muy bien. La gente compra cada día más estos productos y Mauricio gana cada día más dinero.

Mauricio es un artesano de la “Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres”. Las tiene grandes y pequeñas, que duren mucho o espacios cortos de tiempo, e incluso tiene algunas simulaciones que parece que sí, pero que luego son que no.

Mauricio vende sus productos a todo tipo de personas. La conciliación de la vida personal y familiar es muy solicitada por empresarios que quieren dar buena imagen.

El reparto equitativo de las responsabilidades domésticas y familiares lo compran maridos que quieren implicarse en eso de la igualdad y madres que tuvieron un pasado confuso, fruto de una educación machista, incluso vende sus productos a mujeres cuyas parejas no saben qué significa compartir las tareas del hogar y el cuidado de los niños y quieren ofrecerle a sus maridos este hermoso regalo.

Mauricio trata su mercancía con mucho cuidado pues es un producto delicado -que incluso algunos estiman peligroso- y al que hay que manipular con suavidad.

La “Igualdad de Oportunidades”, Mauricio la vende en cajas herméticamente cerradas de color verde, como la esperanza, con un cartel blanco en un lateral. El cartel especifica la categoría y duración del producto y también el precio.

Mauricio no ha tenido nunca ningún accidente, pero su hermano -que un día se puso a jugar en la habitación donde él guardaba su mercancía- se llevó un buen susto cuando tropezó con una caja y le saltó la tapa. De repente la habitación se llenó de un entendimiento armonioso entre hombres y mujeres y de un sentimiento general de compartir que le asustó. Menos mal que Mauricio estaba cerca, y encontró pronto la tapa. Corrió a ponérsela a la caja y consiguió volver a cerrarla -aunque ya no herméticamente y evitar así el pánico colectivo. Ahora esta caja está en un estante de la habitación.

Ha sellado con papel de embalar las juntas y ha atado la tapa con una cuerda. No la puede vender pues se escaparon de ella el reparto equitativo de tareas y la incorporación de la mujer al mundo laboral por lo que está incompleta.

Mauricio, a pesar de ser un pequeño comerciante, tiene clientes de todas partes del mundo. Ahora intenta introducir su producto en los países árabes y en todas aquellas regiones donde a la mujer se la ha tenido discriminada por razones culturales o religiosas desde tiempos ancestrales.

Mauricio sabe que este proyecto es muy ambicioso y que los resultados se empezarán a notar a largo plazo, pero él es un optimista nato y está seguro de que con el tiempo tendrá éxito.

Mauricio empezó vendiendo cajas de “Igualdad de Oportunidades” en el colegio -fue muy precoz en este negocio- y tenía mucha clientela. Eran cajas pequeñitas y las vendía muy baratas. Recuerda que, en aquella época, las cajas verdes sólo traían equipos de fútbol mixtos, trabajos escolares en los que participaban los dos sexos, obras teatrales co-dirigidas por niños y niñas, etc. Jamás había ningún problema y en su colegio había una armonía extraordinaria, desconocida en otros centros.

Como se dio cuenta de que el negocio funcionaba empezó a vender “Igualdad de Oportunidades” un poco más grandes, pero ya para adultos, que eran más sofisticadas. Mauricio usa su producto, él mismo, en todo su entorno, porque se ha dado cuenta de las grandes ventajas que tiene y es el mejor referente de lo que esta mercancía puede producir en la sociedad: armonía, entendimiento, solidaridad, amistad, y, sobre todo, felicidad, porque Mauricio es un hombre feliz y se le nota.

Mauricio se está haciendo mayor y, antes de retirarse ha decidido experimentar con un producto nuevo, fabricado en laboratorio, que crea adicción y es contagioso: “Igualdad de oportunidades permanente”. Le ha llevado muchas horas de investigación y un montón de noches sin dormir, pero está seguro de que es la mercancía del futuro. Aunque al principio los clientes desconfían, cuando lo prueban se dan cuenta de la ventaja que este producto supone para la convivencia y el entendimiento entre hombres y mujeres y luego no quieren ningún otro. Se está corriendo la voz y le llegan pedidos de todas partes del mundo.

En eso anda, pero antes tiene que terminar con las existencias de “Igualdad de oportunidades” pasajeras, aunque ya le quedan pocas. En cuanto las acabe se va a dedicar exclusivamente al nuevo producto. Mauricio está seguro de que en unos años se podrá jubilar porque ya todo el mundo se habrá hecho adicto a la “Igualdad de oportunidades permanente” y nunca más la tendrá que volver a comprar.
FIN

_____________

Bueno, pues ahora, en un alarde de esfuerzo sobrehumano, vuelvan a leer el texto, pero de otra manera. Desde el tercer párrafo, donde pone “Las tiene grandes y pequeñas”, empiece a leer entre líneas y a tratar el texto como si estuviese hablando de penes. ¿Lo tiene? Pues los chavales no dejaron escapar una. Ya empezó la coña con lo de que el protagonista se llamase Mauricio porque cada vez que el que leía decía “Mauricio”, el resto hacía “tiritiritirí”, imitando al célebre personaje facha de la serie de humor Aída.

El cachondeo cada vez era más radical: “para madres que tuvieron un pasado confuso, vende sus productos a parejas que no saben, quieren ofrecerles a sus maridos este hermoso regalo, es un producto delicado, al que hay que manipular con suavidad, intenta introducir su producto en los países árabes donde a la mujer se la ha tenido discriminada, fue muy precoz en este negocio, etc etc”

Nos estuvimos conteniendo ante los comentarios de los chavales (“Este texto es, literalmente, la polla”), que empezaban a entrar en ataque colectivo de risa histérica. Uno ya lloraba. Con la frase de “Mauricio es un hombre feliz y se le nota” yo no me lo podía creer y, cuando llegamos a “se está corriendo (la voz)” tuve que echar mano del papel del de al lado para confirmar que no se lo estaban inventando, y ahí ya no pude más. Empezamos a reírnos todos de tal modo que, si hubiera entrado alguien, pensaría que estábamos locos perdidos. Aún uno tuvo energía de decir, entre sollozos, “claro, por eso es categoría adulta”. Fue mucho, pero mucho.

Eso sí, qué a gusto nos quedamos todos. Se creó un clima muy especial, aunque fuese sólo durante unos minutos. Y fue muy chulo :)

Como conclusión, recordar a los profes que hay que elegir los textos con cuidado. Lo que puede ser una buena idea puede acabar convirtiéndose en el cachondeo padre por un texto mal elegido, que se preste a confusión o a dobles sentidos, como es el caso de este. Aunque muchas veces meteremos la pata, ya que los chavales están a la que cae y cualquier excusa es buena para distraerse de las tareas.

Y otro apunte. Me quedé fascinada con la capacidad de interpretación del texto que demostraron los chavales, con su capacidad de síntesis (cuando empezaron a leer las frases clave), con su rapidez mental para hacer bromas. El tema era tosco, eso no se puede negar, pero estaban atentos, atentos, preparándose para hacer la broma y siguiendo ávidos la lectura. Increíble. Lo que me hace pensar que no es que no sepan leer o no quieran, o no tengan capacidad de abstracción, de lectura rápida, de síntesis…  Quizá lo que ocurre es que lo que se les impone para leer, sencillamente, no les interesa.

¡Ay, esta juventud de la ESO!

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