Hoy tenía una cena pero

no voy a ir.

Estoy cascada. Tengo moquismos varios, congestión, dolor de cabeza, escalofríos y etecéteras.

La verdad es que tampoco me apetecía mucho. La gente con la que había quedado es un grupúsculo de rarunas de las que, exceptuando a dos, no salvo a ninguna. No es que yo sea una cosa extraordinaria; como puedes ver si lees algo de lo que tengo por ahí disperso soy rarunilla también de cojones, pero cuando estoy en sociedad lo escondo.

Estas lo promocionan, a bombo y platillo :D

Ya estoy cansada de andar con frikis, con inadaptados sociales. Sobre todo inadaptadas. Es que casi no tengo una amiga normal.

No, no tengo una amiga normal.

¿Por qué? Porque la gente normal está con sus trabajos, sus parejas, sus dos amigos/as de toda la vida y su familia. La gente normal tiene bien vallada la zona de confort y, están tan cómodos en ella (como para no estarlo), que no se salen muy a menudo.

Por eso no van a estas reuniones de piradas desesperadas que se conocieron en un curso y no tienen a nadie más con quién salir: una divorciada en paro, una ama de casa que necesita excusas para hacer vida social, una con la que hablé dos veces, una eslovaca que cuando baila se cree Shakira, una que se depila demasiado las cejas y mira fijamente a las personas, una que hay que hablarle para que hable. Y yo.

Estoy casi a punto de entrar en esa categoría, una etiqueta me espera… ¡¡NOOOOOOOOOOO!!

Leí en un blog muy influyente que cuando estás en estado de standby hay que hacer todo lo que te propongan, salir y conocer gente nueva. Aunque tengas que andar con personas que no son de tu agrado. Esto es verdad, pero yo llevo haciéndolo tanto tiempo que ya casi me mimetizo con el entorno.

No quiero. No me da la real gana.

Por ahora pertenezco a esa tierra de nadie que hay entre la zona de confort y el desarraigo absolouto. Yo quiero dar un paso hacia la zona de confort, me quiero construir una zona de confort. Los psicólogos y demás expertos en teorías nádicas dirán que hay que salirse de la zona de confort, que eso es bueno. Pues yo quiero entrar en ella, estoy harta de vivir siempre al límite de los límites de las cosas.

Entonces, algo que tengo que hacer para lograrlo es sacarme a estas rarunas de encima. A ver, si la gente que yo considero normal no queda con ellas por algo será, ¿no? Pues yo como los monos: imito y copio.

A las amigas frikis que tengo ya las tengo, y no las voy a dejar, que les tengo cariño, pobres. Pero lo de coger más como que ya me excede. Corro el riesgo de acabar inmersa sin retorno, extraviada, en esa tierra de nadie, llamando a las zonas de confort de los demás para que me dejen sentir un poco del calorcito que da la rutina y la seguridad, aunque sea falsa.

Y, como además sigo instalada en mi economía de guerrilla, si voy a gastar dinero por lo menos que merezca la pena.

Hoy me compré dos pósteres de Spiderman :D

Sigo aquí abrigadita, reflexionando sobre lo feliz que era cuando todavía no había zonas de confort en nuestras vidas…

Y no, no me estoy aburguesando. Pero porque no puedo.

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