Alternativas

El príncipe estaba intranquilo. Miró el zapato, situado en la repisa de la chimenea.

Qué haré, qué haré. Podría poner un anuncio, o mejor aún, podría ir casa por casa buscando a la dueña, pero… qué locura, ¡tardaría meses! Y menuda imagen para el reino, además, ¿y si me engañan?

Se detuvo de pronto y exclamó entusiasmado:

“¡Ya sé lo que haré! ¡Organizaré otra fiesta!”

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