Cuento 3

 

(Esta es la historia de una persona que vivía las cosas antes de que pasasen, sin garantía incluso de que fuesen a pasar)

Cogió el coche una mañana en la que parecía que iba a despejar, por lo menos algo. No quería perderse ni un rayito de sol: después de cuatro meses lloviendo continuamente no era para menos. Fue por la carretera que lleva a las afueras del pueblo, a los prados. No quería toparse con gente, ese día era para ella.

Siempre señalizaba las maniobras correctamente pero se olvidaba muy a menudo de mirar si venían coches. O sea, la casa sin barrer.

Bueno, aún así no se quejaba en exceso, prefería quejarse en su casa, en la de sus amigos, en la calle o en el bus urbano, eso le daba lo mismo. El caso era protestar, llena como estaba de energía mal canalizada. Era un cúmulo de pasiones desorientadas que explotaba cuando no tenía que hacerlo.  Partía de una filosofía básica: “Aguanta, Marijose”.

Ajena a todos estos pensamientos, bajó las ventanillas para que le diese el airecillo -más otoñal que primaveral- y puso el coche a 100. Qué caña. Sí, desde luego era valiente.

Tomó un desvío tras haber reducido a golpes la velocidad y se fue por el camino que formaba la carretera comarcal en busca de la paz que le reportaba el aire libre y la soledad. Vio unas vacas pastando por las verdes campiñas. “¿Estarán locas?” –se preguntó- “¿O se harán las suecas?” Debido a lo irracional de su razonamiento, corrió un tupido velo.

Tras esto, comenzó a entrar en uno de sus habituales procesos de esquizofrénica paranoide: “¿Y si empieza a llover como estos días, es decir, a chuzos? ¿Y si se embarran todos estos lodazales y me quedo atrapada sin poder salir? ¿Y si se me bloquean las puertas del coche y no puedo ir a pedir auxilio? Aún encima nadie sabe que estoy aquí… Jolines, ¡qué agobio!”

Tal agobio tenía encima la mujer que giró 360º y volvió al mismo sitio, así que giró de nuevo 180º y se volvió por donde había venido. Al poco tiempo el sol empezó a brillar con una fuerza inusitada, desprendiendo un calor que hacía tiempo que no se sentía por aquellos parajes.

Loca perdida, miró para las vacas como pensando “vosotras me entendéis, seguro” mientras ellas seguían pastando alegremente y retozando al sol, solito. Iba como una bala, no atendía a razones, sólo quería largarse de allí inmediatamente por si empezaba a llover y se quedaba atrapada. Terribles monstruos asomaban a su imaginación perturbada, a su razón dormida y ensoñada, le hablaban de infiernos que revoloteaban en torno a su fantasía. Pensaba que era una conspiración, que todo estaba preparado, que qué ingenua había sido.

Llegó a su casa extasiada, casi durmiéndose tras tanta tensión. Se tumbó en el sofá y cerró los ojos. Cuando estuvo más tranquila puso la tele un rato para despejar la mente </mode IRONIC on>. Su terapia televisiva consistía en no pensar en nada mientras tenía la mirada perdida en un fondo con colores y sin forma.

-FINAL 1 (UNO)-

Conectó con las imágenes que emitían en pantalla. Era el telediario. Se veían los hermosos parajes en los que había estado hacía escasamente una hora. Decían no sé qué de un microclima en la zona y de una concentración de nubes que dio lugar a una espectacular borrasca. Decían también palabras como “imprevisible”, “inesperado”, “sorpresivo”, “sin víctimas.”

Se mareó. Se incorporó como pudo y se acercó al baño casi arrastrándose. Se miró al espejo pero casi ni se vio. Dio media vuelta y se abrazó a la taza del váter lo más rápido que pudo para vomitar sus pensamientos mal digeridos. Se lavó la cara. Después puso música e intentó hacer como si no pasara nada.

Cada vez le salía mejor.

-FINAL 2 (DOS)-

Cuando se tranquilizó y empezó a discernir las imágenes que emitía sin tregua la pantalla, tomó conciencia de sí misma y de sus estúpidos impulsos, que paralizaban su vida. En la tele hablaban de hijas desaparecidas y de padres desconsolados. Le invadió una sensación de tristeza, de amargura, se sintió enferma y diferente, incomprendida. Se sintió identificada con el dolor de esos padres, inexplicable con palabras pero entendible en las miradas. Estalló en un terrible llanto que acabó  dejándola dormida hasta el día siguiente. Soñó con un hermoso lugar lleno de flores y de gente que reía, feliz.

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