Todos somos diferentes

Es tan malo que es para echar chispas. Lo escribí para un concurso tonto de un Ayuntamiento, y creo que al final tampoco lo envié, por vergüenza más que nada xD

Ahí va, yo ya avisé:

Luis salió de casa apurado, con ilusión por reencontrase con aquel hombre. Eran las cuatro de la tarde y había quedado a las cuatro y media. Teniendo en cuenta que tendría que atravesar media ciudad debería darse prisa para ser puntual, y desde luego no quería dar a entender que no le importaba la cita, nada más lejos de la realidad.

La acera estaba atestada de gente. Hacía buen tiempo así que era un día propicio para pasear, es decir, estaban las calles llenas de gente. Parecía que sus conciudadanos se habían puesto de acuerdo para hacerle el tramo más difícil. A pesar de todo consiguió mantener un buen ritmo, y a las cuatro y cuarto ya estaba tan cerca que era probable que llegase un poco antes de lo previsto.

Ya distinguía el edificio a lo lejos. “Lo conseguiré”-pensó para sus adentros. Cogió el papel con la dirección exacta que guardaba en su chaqueta no sin dificultad, algo agobiado por las prisas y tembloroso del esfuerzo y los nervios…“Habitación112”, apuró todavía más, miró el reloj y sonrió para sus adentros “son y veintitrés”.

En recepción, al verlo, el muchacho de origen peruano que atendía se puso nervioso, cogió el teléfono y llamó a alguien que elevó la voz lo suficiente como para que se le oyera desde el otro lado del mostrador. Se puso colorado y comenzó a pedir disculpas. El hombre, sorprendido y aún cansado, miró en derredor y comprendió lo que ocurría: no tenían ascensor adaptado. Una voz femenina le habló a la espalda “qué tonto malentendido, iremos afuera a disfrutar del sol. Ha sido muy puntual.”

Él se dio la vuelta y se topó con una mujer regordeta con rostro amable, dejó de prestarle atención al agente del hotel, que seguramente temía por su puesto de trabajo, y saludó a la médico-cirujana que esperaba que le pudiese devolver la movilidad en sus piernas. “Pensé que era Ud. un hombre…” “Todos los hombres lo piensan”, sonrió ella.

Cuando terminaron de hablar, la doctora se cambió a otro Hotel que tenía, además de ascensores adaptados para minusválidos, mejores vistas.

El chico de recepción había recuperado la calma. Luis durmió con una agradable sensación de esperanza renovada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s