Como hoy es sábado, vamos a divertirnos

y a dejar las penurias, que ya vienen solas sin que pensemos en ellas.

Por la mañana salí a comprar tabaco. De vuelta vine por el camino largo para casa, con la intención de estirar un poco las piernas. Para mí, pasear es de lo más terapéutico que existe.

Tanto es así que cuando llevaba recorridos unos cien metros, comencé a pensar en mi primer año de instituto. Qué nervios los primeros días, qué estupenda sensación la de tenerlo todo por estrenar.

Siempre me gustó especialmente el olor a nuevo de los libros, la ropa nueva para ir mona a clase (aunque tardé mucho tiempo en vestirme como una chica, después lo hice una temporada y más adelante me convertí en una jipi sin remedio xD), los nuevos amigos, los nuevos profesores… estupenda sensación, sí. Son cosas que tenemos que guardar y no olvidarlas nunca.

Sobre todo cuando de mayores nos cuesta tanto emprender tareas nuevas.

Pues de ese primer año me vinieron muchos recuerdos muy buenos, pero voy a contar uno porque me hizo reír a carcajadas. Imagínate el percal: yo sola riéndome por la zona residencial del extrarradio de Coruña, como una loca o una borracha o ambas cosas.

El caso es que había una chica en mi clase repetidora y objetivamente muy fea. Era gorda y solía llevar el pelo corto, pegado a la frente y grasiento. Tenía la cara llena de granos reventados y de huecos que habían dejado esos granos. Realmente fea, en serio. No voy a decir que era muy maja porque no lo era, y a estas alturas de la película como que lo de lo políticamente correcto ya sabes por dónde me lo paso. Además tenía una voz terrible de pito afónico.

Era tan fea que a mí se me metió en la cabeza que tenía que ser de otro país, además tenía un apellido muy raro. Nunca en mi vida había visto a nadie así en mi limitado universo de Primaria.

Al poco tiempo de empezar las clases, los profes de historia organizaron una excursión para llevarnos al Castillo de San Antón. A mí me tocó, así aleatoriamente, coger los nombres de los alumnos de mi clase que iban a ir.

Así que empecé, eficientemente cual secretaria de ejecutivo, con boli y papel, a tomar nota de los allí presentes: Britney Spears González, va; Jessica Alba López; va; Tom Cruise Ramírez; va, … Así hasta que llegué a la chica tan fea, y le dije, “Marta Lacriter… ” Y me dice: “¿Cómo me has llamado?” Y yo: “Marta… ¿no te lamas así?” Y ella “NOOOOOO, lo OTRO que has dicho..”

Miro para nuestros compañeros de clase, que estaban con los ojos como platos alrededor de la mesa en la que estaba yo sentada apuntando los nombres. Algunos tenían la boca tapada y se aguantaban la risa.

“La…Lacriter”, dije un poco desconcertada.

Ella: “¿Y se puede saber por qué me llamas así?”

Yo: “Pero… ¿no es tu apellido?”

Ella: “¡Noooo! Mi apellido es Suárez López, no sé de dónde has sacado eso”. Me miraba con un odio soberano. Como un elefante al Rey, soberano también este último.

Yo: “Ah, pues perdona, creía que era tu apellido, me equivoqué, está claro”. Yo estaba bastante confusa. Entonces, ¿no era extranjera? ¿Y por qué coño le llamaban así?

La apunté y seguí anotando a los demás, que me miraban unos como “eres genial” y otros como “ya te vale”

Yo no entendía absolutamente nada.

Al salir de clase, el chaval con el que más relación tenía, me vino a hablar: “Ya te vale, tía, tú está muy colgada”. Yo flipando: “Pero a ver, qué pasa, que no entiendo nadaaa”.

Y me explica. Me explica que a la tipa esta le llaman “La Critter” de apodo por lo fea que era. La-Critter. No Lacriter como si fuera alemana o sueca. Que le pusieron ese nombre con mala idea los de su curso del año pasado en honor a los Critters. ¡¡Los Critters!! ¡¡Los Critters de la película!! Muuuy fuerte. Con razón ella preguntaba qué le había lllamado.

Primero me reí, después me avergoncé y después casi lloro. Esa fue mi primera toma de contacto con el  mundo de los motes del instituto y la maldad humana, un golpe de realismo fuera de la burbuja de Primaria,

Pero he de reconocerlo, hoy me vino a la cabeza y me partí el culo. Es que hay que ser metepatas profesional para cagarla tan bien cagada.

Ay, Marta Lacriter; allí donde estés, que sepas que me has alegrado el día.

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