Cuidado con lo que piensas…

… porque se puede convertir en realidad.

Últimamente estoy leyendo mucho sobre autoayuda, bueno, más bien sobre PNL o Programación Neurolingüística, que viene a ser la autoayuda en versión científica.

Me acerqué a estos libros como quién se acerca a un infectado. Tenía auténtico pánico de que me viesen leyendo algo así, a mí. De hecho aún me da vergüenza. Afortunadamente, la PNL le da ese revestimiento de ciencia que hace que a las personas como yo, con tantos prejuicios para reconocer que queremos ser felices, no nos haga sentir mal leer cosas sobre estrategias que nos ayuden a vivir mejor.

Uno de los principios fundamentales de toda autoayuda es autogenerarse pensamientos positivos. Ya ves que aquí todo va de “auto”, ya que estamos ante una disciplina totalmente DIY. Y no podría ser de otra forma.

Pues, como decía, algo que tienen en común todas las terapias, obras, libros, o entrevistas, más científico ello o menos; todo lo que tienen en común los discursos de todos los pensadores, charlatanes, neurólogos amigos de Punset, neurólogos que no saben quién es Punset, conferenciantes inspiradores, etc., todo lo que todos tienen en común es que hay que VIGILAR LOS PENSAMIENTOS PROPIOS. Darse cuenta de que tú no eres tu mente, que ella  no te puede dirigir, que tú eres capaz de enviarte mensajes de fuerza y optimismo.

El objetivo final es que estos mensajes de optimismo superen a los de dolor y derrota.

Y no es fácil. A mí, que ya me resultó muy difícil encajar que estaba leyendo autoayuda, como dije antes, imagínate lo que me costó tragarme todo esto de los mensajes de optimismo y de que hay que sacar fuera todo el detritus negativo que tenemos pululando en forma de pensamientos descontrolados. Es que me parecía un chiste, tan racional que yo era. Pero llegué a tal punto de desesperación que, o probaba lo que decían esos manuales y best sellers, o no sé qué sería de mí. No quería estar medicada toda mi vida.

El cambio se produjo cuando mi médico de cabecera me dijo directamente y sin ningún tipo de cariño si tenía intención de seguir a sí toda la vida. Que me mirase, que a mi edad me diese cuenta ya de qué trayectoria llevaba. Mi cabeza hizo “clic” y me dije “por mis cojones, hasta aquí llegamos”. Y eso que solo estaba tomando 5 mg de Dorken, una benzodiacepina, eso sí.

Me ayudó mucho practicar yoga y conseguir centrar la atención en mi propia cabeza, convertirme en una observadora imparcial de todo lo que circulaba por dentro. Y ahí comprendí que era cierto, que estaba ante una verdad irrefutable: mis pensamientos negativos arrasaban con creces a los positivos. De hecho, creo que al principio ni siquiera tenía pensamientos positivos, salvo los que me brotaban espontáneamente porque algo me había salido bien o porque me habían dado una buena noticia.

Ahora estoy trabajando en el control mental, lo que es muy difícil porque, te va a parecer una tontería, ¡pero es que a veces se me olvida! ¿Te das cuenta? No solo se trata de controlar tus pensamientos negativos, transformarlos en positivos o generar positivos nuevos, ¡sino que además te tienes que acordar de hacerlo! Lo que me consuela es que los gurús dicen que con el tiempo te sale automáticamente, lo que creo a pies juntillas porque de la repetición sale el éxito, por lo menos así es en mi caso.

Notas:

Otro día contaré porque estoy convencida de que repitiendo y repitiendo una tarea ésta acaba por aprenderse y por incorporarse a tu mecánica de manera natural.

Y otro día contaré también y pormenorizadamente cómo hacía para leer autoayuda a escondidas.

Citaré autores que para mí fueron y están siendo partícipes de mi cambio. Daré bibliografía curativa, en concreto un libretillo que me liberó considerablemente de la ansiedad. Y seguiré extrayendo las ideas clave que ponen a todos estos autores en común. La primera de ella, ya sabes: vigila tus pensamientos, controla los mensajes que te mandas antes de que ellos te controlen a ti.

Tú eres responsable de tu bienestar, trabaja sobre él hasta que seas capaz de tener más pensamientos optimistas que fatalistas, de esos que te llevan al pozo. Y ahí no queremos volver, ¿a que no?

Hay que escapar cueste lo que cueste, peleando contra viento y marea.

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