Yo sí que estoy en crisis

Como siempre, vamos. Inmersa en espirales de autodestrucción, sin rumbo fijo pero un poco más abajo cada día.

Cuando empecé a trabajar tenía un buen sueldo y un puesto de técnico. Salí de ese trabajo más bien mal parada, fue en un ayuntamiento de cuyo nombre no quiero acordarme, y casi tengo un juicio en el Contencioso porque trataron de obligarme a firmar un papel en el que ponía que mi salario procedía del Fondo Social Europeo, cuando era mentira. Se trataba de camuflar las subvenciones europeas en los salarios para así poder embolsárselas los políticos. Yo me negué, y hoy por hoy no estoy orgullosa de ello. Todos los que aceptaron son ahora funcionarios.

A partir de ahí empecé a caer en picado hasta llegar al día de hoy, en el que llevo un año en el paro y bastantes más sin un trabajo estable en el tiempo, o que me dure, o al que vaya contenta. Tanto es así que, evidentemente, me pregunto si no seré yo la que falla, si no seré yo la que se autoexpulsa del mercado laboral.

Toda esta reflexión viene a cuento porque me han ofrecido un trabajo para cuidar a una anciana. A mí. Que saqué un sobresaliente en el Doctorado, que me felicitó el tribunal. ¿Cómo he llegado a esto? Es a lo que se dedica mi prima la que se quedó embarazada con 16 años y no estudió. Pero incluso ella es personal laboral del ayuntamiento, del servicio de ayuda a domicilio. Y yo tendré que ir a una casa a atender a una señora, sin más. Te pareceré una soberbia, pero me da vergüenza. Me siento humillada.

Decía una amiga  (con su carrera y su tesis) cuando se puso a preparar unas fallidas y caciquiles oposiciones a Auxiliar Administrativo de la Xunta, que ya más bajo no se podía caer. Al poco se retrasaron, y empezó a preparar las de subalterno en vistas de que la cosa iba para largo. Ahí dijo: “Pues sí, sí que se podía caer más bajo”.

Nos reímos, pero en el fondo no nos hace gracia. Ninguna gracia.

Ayer hasta discutí con mi novio. Le eché la culpa de mi fracaso estrepitoso a nivel laboral. Le pregunté que dónde estaría yo ahora si él se hubiese volcado conmigo como yo me volqué con él. Probablemente estaría dando clase en alguna universidad de alguna parte del mundo. Eso me gusta creer, pero tampoco es verdad del todo.

Haciendo análisis retrospectivo, hallo varios errores que se pueden resumir en uno solo: tendría que haber sido una delincuente. En vez de ser honrada y trabajadora, como me enseñaron en casa, tendría que haber sido corrupta, pasota y sinvergüenza. Creo que aquí radica la base de mi fracaso laboral. Y es que no me adapto al mercado real que tengo delante, sino que trato de hacer lo que, en mi educación obrera, me enseñaron que estaba bien.

No seas hipócrita, no mientas, no robes, no te rías de la gente, sé amable con los que tienen peor suerte que tú, lucha por tus ideales, trata de llevarte bien con todo el mundo, hay cosas más importantes que el dinero, sé prudente y educada, lee y estudia, con una carrera llegarás lejos, los que tenemos una carrera sabemos más que los que no la tienen, trabaja duro.

Todas estas consignas NO ME HAN SERVIDO DE NADA. Deámosles la vuelta:

Sé pelota, miente, roba, ríete de la gente, aprovéchate de los que tienen peor suerte que tú, adapta tus ideales a tus necesidades, participa en las broncas y en los cotilleos, lo importante es el dinero que te pagan, sé temerario y que se te escuche bien, no te preocupes por tu formación, una carrera no sirve para nada, vale más ser avispado que tener estudios, trabaja poco y cobra bien.

He aquí el perfil de un triunfador.

A ver qué hago yo ahora.

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