La vida es como jugar al Cabrón

No sé si sabéis qué es el Cabrón, pero por si acaso os lo explico.

El Cabrón es un juego de cartas que consiste básicamente en “ir a las más” e “ir a las menos”. “Ir a las más” es apostar lo más duro que puedas durante la partida, cosa que haces si ves que tienes buenas cartas (ases, posibilidad de cantar -caballo y rey del mismo palo- y poner triunfo, etc.).

“Ir a las menos” es exactamente lo contrario: conseguir no hacer ni un tanto, quedarse a cero y tratar de colocar tus tantos a otros, lo que en la vida real sería “desviar marrones”.

¿Quién pierde en este juego? Pierde el que se queda en posición intermedia, el que no ha hecho las menos cartas posibles ni ha hecho las máximas. El que no se ha posicionado por ir a las más o ir a las menos, el que le ha pillado el toro entre ambas aguas.

Pues así es la vida. Tenemos unas cartas que nos han repartido y, antes de cada partida tenemos que elegir si vamos a las más o vamos a las menos. Si vamos a por todas porque creemos que tenemos las de ganar, o si es preferible quedarnos en la invisibilidad de un segundo plano y tratar de endosarle nuestras malas cartas a otro, que, por cierto, estará debatiéndose entre las mismas cuestiones que tú.

Lo más cómodo puede parecer quedarse con la opción de hacer el número de tantos menor posible pero, creedme, a veces, sencillamente, no se puede. ¿Por qué?

Porque tienes una mano triunfadora, y si no apuestas duro a que vas a ganar acabarás quedando en la posición intermedia del perdedor. Puede que quedes de todas maneras ya que, como tienes tantos para hacer, nunca quedarás a cero.

Con lo que el no ir “a las más” es una decisión tomada desde el miedo, no desde el razonamiento lógico. Si no lo intentas, vas a perder seguro.

Así que, cuando tengas una buena mano, o eso parezca, ve “a las más”. Partes perdiendo, así que todo lo que pase va a ser igual o mejor que eso.

En cuanto a la decisión de quedarte con el mínimo de tantos posible, es más complicado de lo que parece porque el resto de jugadores también querrá deshacerse de sus tantos fallidos, así que tratarán de endosártelos a ti. Del mismo modo que tú tratarás de endosárselos a ellos.

Estarás perdiendo la energía en luchar para deshacerte de tantos que te podrían llevar a la victoria por la vía rápida.

Con una mano un poco buena, es más fácil ganar que perder. 

Con una mano mala, ríndete a la evidencia y deshazte de todo lo que puedas. También ganarás. 

Lo más difícil de este juego es tomar la decisión. Si tienes algo de tantos, las dos primeras tiradas son terribles, no sabes qué hacer, y cada tirada puede ser letal ya que, quién gana los tantos, te está cogiendo ventaja.

Pero la partida se va resolviendo sola. En la tercera mano, como muy tarde, ya tienes que estar mojado hasta las trancas, o bien haber empezado a deshacerte de los puntos. ¿Qué quiero decir con esto? Que la mayoría de las veces, por mucho que te comas la cabeza con qué puedo hacer, apuesto o me retiro, es la propia partida -el juego de los demás- la que te va a indicar el camino.

Que poco importan tus intenciones, son muchas las variables a tener en cuenta, que no están bajo tu control. Que da igual lo que pretendas, pasará lo que pase. Y la suerte también tendrá que ver.

Planear de poco sirve. 

Pensar de poco sirve. Pensar en el sentido tradicional del término. “Haré esto así después podré hacer esto y” no te va a ayudar a nada. Te pondrá más nerviosa y en alerta, algo perjudicial para mantener la calma cuando realmente haya que decidir.

Hay que dejarse llevar, fluir con el entorno, adaptarse a las situaciones al momento que van viniendo. Minuto a minuto. Los chinos lo sabían, los hindúes también. Religiones milenarias que son filosofías de vida.

Así que ya sabes: si crees que tienes una buena mano, úsala. Si crees que lo tienes complicado, retírate y hazte experta en desviar marrones hacia los demás. Sin piedad, es un juego, ellos también lo harían. Y lo harán.

Y otras veces te tocará comértelos a ti.

Concluyendo: si crees que te puede ir bien, pelea; si no lo ves nada claro, retírate y vuélvete invisible como puedas. Fluye. Adáptate.

Be water.

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