De nuevo, dudas

Y así es como me encuentro otra vez deambulando por el blog, con mis incertidumbres a cuestas.

He decidido que quiero opositar, que quiero ser profesora en la administración pública. Sí, y funcionaria. Quiero tener un trabajo que me aporte algo y con el que pueda yo también aportar algo, que me rete cada día, con el que le saque partido a mis estudios y con el que pueda “vivir bien”. Esto es: tener ciertos derechos que en la empresa privada son inexistentes. Y ya quedó claro por ahí que a mí lo de emprender me da más muerte que susto.

Así las cosas, mis opciones son varias. Puedo ir a tres especialidades de FP y a una de Secundaria. Pero la que tengo más posibilidades de aprobar, por mis conocimientos y mis capacidades, no está en la lista. Soy muy libre de presentarme, porque soy Licenciada y tengo el CAP, que son los requisitos fundamentales, pero… no quedo en las listas para sustituciones a menos que apruebe.

¿Qué quiere decir esto? Que si voy por esa especialidad en la que creo que tengo más posibilidades de aprobar pero que los hombres de negro no consideran afín a mi titulación, estoy obligada a aprobar SIEMPRE. Siempre incluye un mal día, un año nefasto en el que  no has tenido la cabeza para estudiar, un trabajo absorbente que no te deja tiempo,… SIEMPRE, vamos.

VOLVEMOS A LOS INICIOS

Y esto me lleva a más conclusiones sobre mi vida y mi yo mismo. He abierto tantas puertas que ahora no sé cuál atravesar. Y además, observo que mi manera de ser no encaja en el sistema, aunque me esfuerzo, bien sabe el universo que lo intento por todos los medios, que estoy harta de ser la rarita.

Es como tratar de meter un cuadrado en un triángulo.

Entonces ya no sé si debería rendirme y tirar por otro camino, o seguir peleando. La duda que más me rompe la cabeza es contra qué estoy peleando. O contra quién. ¿No será contra mí misma?

Por lo pronto, he enviado un email al decano de mi facultad solicitándole que atienda mi caso, para ver si es posible incluirme en esa especialidad que me interesa. Sigo tirando balas al aire.

Tengo una amiga a la que le pasan cosas parecidas a las mías. Yo la observo desde fuera y se me hace más sencillo opinar. El otro día, de hecho, me sorprendí hablando de ella con mi novio, ¡¡y me estaba describiendo a mí misma!! Yo decía que claro, como no se centra en nada, después le confluye todo y se vuelve loca porque no sabe qué elegir. Creo que es un mal que nos pasa a los que estudiamos lo que quisimos e incluso trabajamos en ello, después nos echaron porque lo vivíamos demasiado y no interesábamos en entornos laborales viciados, quedamos en la cuneta y empezamos a lanzar anzuelos al río, a ver si nos salía el salmón noruego del siglo jajaja

Pero nada. Los salmones buenos están en Noruega. 

Y ahora nos encontramos patas arriba, con la vida deshecha y sumidas en el más absoluto desconcierto. El mundo cambia a pasos agigantados y nosotras miramos desde la cuneta esa del demonio, atónitas. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hice mal? ¿Qué sigo haciendo mal? Nos lo preguntamos mil veces al día: nos torturamos mil veces al día.

A mí me está costando bastante reaccionar. Y no sé si es que el sistema me escupe o soy yo la que no acabo de acomodarme. Porque, como decía el Gato Cheshire de Alicia:

“Qué más da que camino elijas si no sabes a dónde vas”

Cada decisión que tengo que tomar es una encrucijada. Aún no he encontrado nada en mi vida que me vaya rodado, con lo que pueda decir “sí, por aquí es el camino, esto va conmigo”. Y cuando algo se le parece, zas, en toda la boca. Como con lo de la agencia de comunicación para la que trabajo, y con la que estoy encantada. Bueno, pues desde que empecé con ellos me ha venido un dolor de espalda terrible que me impide trabajar a un ritmo normal, con lo que le tengo que dedicar más horas porque he de descansar para no morirme del dolor. O cuando estuve en los museos, el mejor trabajo de mi vida. Pues ala, va al Xunta y les retira la pasta. Y más cosas así, debería de escribir un post al respecto para que os quedarais flipando.

O quizá no interpreto bien las señales. Las señales. ¿Cuáles son?

1. Que tengo que cambiar de fisioterapeuta.

2. Que tengo que abrir nuevas puertas (Más?)

3. Que tengo que CERRAR viejas puertas.

Oh, sí!!! Es la tercera. Gracias, bendito blog. Ahora a decidir cuáles son esas puertas.

Jesús, qué lío.

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