A Vigo a opositar

Ni más ni menos. A Vigo. Allí donde Cristo perdió la chancla. No podía tocarme más lejos. Hasta Ourense hubiera sido mejor alternativa.

El tren de ida, 17 y pico euros.

El tren de vuelta, 17 y pico euros. 

El alojamiento, 40 euros.

Cena y comida (bueno, de cena me llevaré un bocata de casa), 10 euros.

Café y tentempié, 5 euros.

Total: hay que ser rico para opositar. Y eso que no estoy pagando academia, que me he hecho yo solita los temas con las cuatro neuronas que mis papás me dieron. 

Y esto es solo un día, porque en Galicia tenemos que volver otro día a leer el examen. Echen cuentas.

Yo paso.

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