Cambios profundos

Hubo una época en la que había trabajo y yo estaba en buena posición. Tenía una compañera que me parecía profesional y buena persona. Hasta que fue pasando el tiempo.

Recuerdo un comentario que me hizo una de las niñas que teníamos en el servicio: “¿Te das cuenta de que no tienes nada, de que lo tiene ella todo?”, mientras señalaba las mesas de trabajo.

Y caí de la burra. Mi mesa tenía una libreta y un boli. Su mesa tenía el ordenador, las fichas de los chavales, las de las subvenciones y proyectos, el móvil del trabajo.

Hoy yo estoy trabajando más en precario que cuando estudiaba, y bien jodida; ella es funcionaria en el mismo sitio al que yo no volví. Y da asco. Yo soy mejor que ella. Tengo mejores ideas. Comunico mejor. Tengo más clase y más gusto. Pero ella ha sabido aprovecharse de la permeabilidad de mis límites.

Bueno, pues no he aprendido, pero esto es más grave: ME PASA LO MISMO CON MI NOVIO.

Hoy, de pronto, lo he comprendido.

Así, sin más preámbulos, sin premeditación ni alevosía. Me ha caído encima como una jarra de agua fría, pero lo he visto claro: ÉL LO TIENE TODO.

Su coche, su negocio en el sector que le apasiona, sus juguetes tecnológicos carísimos e infrautilizados, su vida social en su mundo profesional. Su ocio, su negocio.

Yo tengo bici y voy en bus urbano, estoy contratada en precario cuando estuve en la élite, hasta hace bien poco tenía un móvil de mierda (que sigue siendo de mierda pero al menos es un smartphone), no gasto un duro, no tengo amigos disponibles, no tengo ocio que cueste dinero, no tengo ni ocio.

¿QUÉ HA PASADO?

Yo era la poderosa en la relación, y me ha ido comiendo terreno disfrutando de mi ayuda para crecer. Pero lo que le di a él me lo quité a mí misma. Como con las mesas.

Hasta vienen sus amigos a dormir a casa. Incluso él adelgaza mientras yo engordo. Él rejuvenece, yo enfermo y se me agria el carácter cada vez más.

Me levanto sin motivación, nunca me pasa nada, nunca pasa nada en general. Vivo en un sitio paralizado en el tiempo. Cuando tuve la oportunidad de cambiar no lo hice, por él. Porque estaba viviendo un momento malo, por esto o por aquello.

Ahora comprendo que es su carácter. Siempre está viviendo momentos x que me atan. Soy su basurero, la comesumierda.

La que le aguanta las neuras, la que le tiene que aconsejar, calmar, escuchar. Hasta me obliga a hacerlo. Ayer mismo. Le dije que no me comiera la cabeza, que me dejara en paz, y siguió, siguió, hasta que largó su discurso no paró.

Me absorbe la vida. Me quita la energía. Las ganas, la voluntad. A mí. Con lo que yo era.

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