Estupideces que se hacen por amor

El amor. Ese sentimiento que, para algunos, nos eleva y nos hace humanos, es para mí la emoción más nefasta que pueda sentir. Te atrapa en una falsa sensación de seguridad y bloquea tu zona de confort para que no salgas.

Te construye una jaula de oro.

¿Por qué lo sé? PORQUE LO HE VIVIDO. PORQUE AÚN LO VIVO.

Y porque he cometido muchas estupideces en nombre de eso llamado amor. En general se trata de que antepuse las necesidades de mi pareja a las mías propias, con lo que hoy por hoy me encuentro en un estado de suficiente inestabilidad como para seguir por aquí vertiendo mis desconsuelos.

La primera gorda que recuerdo es llevarme a mi novio a vivir conmigo y con mis padres. Me ruborizo solo de pensarlo, por dios, ¿cómo pude ser tan estúpida? Terminó en un rotundo fracaso, medio enemistada con mi familia y aún peor, expulsada del auténtico entorno de seguridad que tenía: mi casa.

Quizá de esta experiencia aprendí que la seguridad basada en algo externo no existe, y más cuando ese algo externo es compartido con hermanas, maridos y sobrinos. Era muy joven para haber sacado semejante lección, pero después aprendí. Vaya si no.

Al poco murió mi madre y yo estaba instalada en otra ciudad, pero eso es otra historia. El resultado es que hoy por hoy no tengo casa, ni siquiera habitación. Mi hermana ha ocupado mi puesto.

Porque cuando el gato no está, los ratones salen a jugar. Es decir, si tú no ocupas tu lugar en el mundo, alguien lo hará por ti.

Y empezó mi periplo de trabajo de mierda en trabajo de mierda. La crisis. Mi padre diciéndome que “yo me lo había buscado”. Mi novio con problemas en su trabajo y un humor que no había dios que lo aguantara. Cuánto lloré. Encima, mi madre muerta.

La peor etapa de mi vida.

¿Y me llegó con ese error cometido por estupidez AKA amor?

Por favor, la duda ofende. Por supuesto que NO.

Mi novio tenía un trabajo muy estresante, pero bien pagado. Cuando yo me quedé sin trabajo (casi siempre trabajé en la administración en nidos de víboras llenos de enchufados y caciques), estaba devastada. No podía asumir el asqueroso mundo que me rodeaba, en el que los servicios sociales eran vistos como un entretenimiento para amas de casa y paletos que hacían las veces de concejales.

Así que, influida por mi familia y por la estabilidad que ofrecía el trabajo de mi novio, me gasté mi paro en preparar una oposición que, para colmo nunca se convocó.

Otro error, y no solo por amor a la pareja si no también por amor a la familia: hacer algo que no quería hacer. El día que fui a apuntarme a la academia lloré como una loca. También lloré el día que me despedí de la universidad, cuando comprobé que no encajaba allí, que no había nacido en la cuna adecuada. Eso había sido una semana antes y supuso mi ruptura más radical con los sueños que siempre había tenido.

En fin. Me dejé ir. Confié en que mi familia tenía razón y en que mi novio sería mi sustento.

Para darme de bofetadas con la mano abierta, vamos.

¿Queréis otra? Porque aún tengo algunas más…

Como cuando me llamaron de la Diputación para trabajar como Auxiliar Educadora por unas listas. En aquel entonces tenía un currículo de la leche, y quedaba primera en todo a lo que me presentaba. Pero justo me van a llamar el día anterior a irnos de vacaciones al chalet de la tía de mi novio en el Sur, que aún tenía ese trabajo tan estresante y bien pagado. Cuando le dije que me habían llamado se puso como un energúmeno. ¡Las vacaciones! No era posible. “Di que no, ya te volverán a llamar, tenemos pasta y no necesitas el trabajo”. No necesitas el trabajo. Aún escucho sus palabras, y me consta que él a veces, también.

Dije que no, y me expulsaron de la lista.

Ahora lo pienso y lloro.

Britney, mi alter ego, cúmulo de malas decisiones a pesar del talento

La más jevi de todas.

Esta me acecha como una puñal rasgándome el corazón.

Me llamaron de unas listas en las que me había apuntado hacía mil años. ¿Para qué? Para ser profesora de FP. ¿En dónde? En IBIZA.

IBIZA.

Repito.

En aquel entonces mi novio estaba dejando su trabajo, justo además esa semana le había dado una crisis de ansiedad bestial y estaba con medicación. Yo tenía un trabajo de mierda en una entidad benéfica de cuyo nombre no quiero acordarme que fue precintada por orden judicial debido a la malversación de subvenciones. Seguía atrapada en la carrera de ratas. Pero esto se ve con la perspectiva.

Esa llamada de la Consellería de las Islas Baleares fue para mí como un rayo de luz. Sentía dentro de mí que era la oportunidad que necesitábamos, no solo yo, también mi novio, sometidos como estábamos a tal ambiente de opresión y desesperanza. Pero mi novio se agobió. Se quedó blanco y se mareó. “Dios mío, no te vayas ahora” eso es lo que decía sin decirlo.

Y no me fui.

Habría sido funcionaria en Ibiza. Funcionaria docente.

Y todavía pasó algo más mágico. Mi novio me dijo que aún si fuera en Mallorca podría irse porque allí conocía a mucha gente y se sentiría arropado. Entonces vuelve a sonar mi teléfono y es la chica de la Consellería diciéndome que también tengo plaza en Mallorca si quiero. Así como lo cuento. A elegir. Se me habían alineado las estrellas. Esas cosas que solo pasan una vez en la vida me estaba pasando a mí. En ese momento. Fue algo cósmico.

Fui tan tan tan estúpida que no me lo perdonaré JAMÁS. Mi novio no estaba en condiciones de decidir. De hecho, nunca lo estuvo. Es un miedica para salir de su espacio conocido. Y yo me dejé arrastrar siempre por sus miedos e inseguridades, atrapada en su zona de confort.

Yo tenía que haber hecho lo mejor PARA MÍ. No para mi novio, mi padre, mi hermana, mi madrina, mi madre muerta.

LO MEJOR PARA MÍ.

Y lo mejor para mí hubiera sido aprovechar todas las oportunidades profesionales que se me brindaron, sin compasión. Y que me había trabajado a pulso en administraciones corruptas, saliendo mal parada de todas ellas por  no querer participar en sus chanchullos. El precio de la legalidad en este país de mierda.

Icono de una degeneración

Ahora lo sé, porque además estas cosas a mí no me las ha enseñado nadie, las he tenido que aprender a base de palos. Y cómo duele. Duele en el alma, el peor dolor de todos, que no se cura con Ibuprofeno.

HE APRENDIDO. ¿He aprendido?

Lo que sí he hecho es tropezar MIL VECES EN LA MISMA PIEDRA. La piedra de que si yo no decido mis actos, alguien lo hará por mí.

Temo que sea tarde. Temo que las oportunidades se hayan acabado, temo que me vaya a quedar así para siempre, en el paro, sin amigos o con “amigos” frikis y pirados, sin esperanzas, yo, una alumna brillante con don de gentes que era el alma de las fiestas.

Las circunstancias y las malas decisiones me han llevado al lado más tortuoso de la vida. Es frecuente que me encienda y culpe a mi novio por la vida de mierda que llevo, mientras que él se ha reinventado y ha sido capaz de resurgir de sus cenizas. Con mi ayuda, todo hay que decirlo. Pero no es él el culpable. En el fondo lo sé. No es él.

SOY YO.

He perdido el control de mi vida. Y me leo libros de mierda, para ver si soy capaz de reconducirme. Sobre cómo encontrarse a uno mismo, ganar dinero por Internet, generar prosperidad. Me contamino más y más buscándome en ideas que realmente no dicen nada.

Trato de socializar pero solo me encuentro con pailanes que se van de interesantes o pailanes que se van de modernos. Y gente de la tercera edad. A saco.

Parece que voy por un embudo que me está expulsando de aquí, que me dice que me vaya a otro país, concretamente a Inglaterra a tratar de convertirme en profesora, que aquí está todo el bacalao cortado, que no voy a volver a trabajar en la vida y el negocio de mi novio no va a pasar de dar para él, que pasarán años antes de que dé para mí también. O irnos a las islas, que parece que por allí se está activando la cosa y hay buen clima y gente joven.

VS.

Que si sigo ayudándole sigo en la carrera de ratas. Que sigo en la zona de confort esperando un milagro y dejando ir los mejores años de mi vida.

Pero también pienso que a lo mejor soy un poco tremendista, ya sabemos todos que estoy medio pirada.

Lo que sí es cierto es que me aburro muchísimo, me siento triste y desmotivada, en un ambiente tercermundista que empeora. Mi novio dice “y qué quieres hacer, vete, si te va bien me voy yo también, pero no voy a dejar un negocio que no da pérdidas”.

No da pérdidas, cierto, pero da unos 500 euros al mes trabajando como borricos toda la semana. Que no hacemos nada, llevamos una vida de mártires.

¿Qué hago? ¿Me voy?

Tengo tanto miedo.

Sería algo así como mi último cartucho, porque los cuatro duros que tengo me los gastaría en eso. Y después no tengo nada. Ni familia que me recoja. Nada. El vacío y yo. O sale eso o no sale nada.

No quiero que el amor me frene otra vez, el amor o más bien la falsa sensación de seguridad que genera el amor. Es lo más peligroso para uno mismo y para los demás porque te roba felicidad y experiencias. Y cuando tú te sientes infeliz y sin experiencias, la vida contigo se puede convertir en una pesadilla constante.

Por eso, si alguien me lee, no cometáis el error de pensar en los demás antes que en vosotros mismos. Si vosotros estáis bien, todo está bien.

Yo no lo hice así, y ahora me encuentro vomitando mierda en este blog para tratar de organizar mis ideas.

PD. Me acaba de llamar mi novio para decirme que no viene a comer, que tiene que trabajar, y que ya lleva ciento y pico euros de caja. Es que después pasan estas cosas y me desmorono, y pienso que soy mala, que tendría que ayudarle en todo lo que pudiera y esforzarme un poco más. Al fin y al cabo, él sí ha tenido el valor para emprender su proyecto, algo que a mí me ha faltado. Por faltar me ha faltado hasta el proyecto. Aunque mientras no me falte el periodo…

Bienvenidos al caos de mi vida.

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