NO VOY A TENER HIJOS

Lo pongo así, en mayúsculas, para que se entere bien todo el mundo y dejéis de preguntar. Especialmente me preguntan las mujeres que ya los tienen, en una especie de conspiración paranoica para meterme en su secta de pañales, llantos a media noche, mocos y rivalidades con otras madres para competir por qué hijo es el mejor.

Mis razones son muchas, pero las voy a resumir.

– Quiero LIBERTAD. El escaso margen para decidir que nos deja esta sociedad en declive lo voy a aprovechar al máximo. Por eso: no hijos, no hipotecas, no deudas. Me llega con pelear día a día para encontrar un trabajo y mantenerlo como para echarme más cargas encima. Y, en serio, creo que la extinción de los humanos sería un gran alivio para el Universo.

– Si tuviese un hijo, no le haría cargar con mi responsabilidad a terceros (léase abuelos). Además de que mi madre y la de mi pareja ya han fallecido, lo que encadena con el siguiente motivo:

– Cáncer y enfermedades autoinmunes. Una interesante -a nivel biológico- carga genética hace aumentar las posibilidades de que mi hipotético hijo NO fuese una persona sana en la juventud adulta de su vida. ¿Quién quiere eso para un hijo? Hay locos/as que sí, porque la vida es bella y bla bla bla, y yo no les digo nada.

– Oh, sí: EL DINERO. No sé si os habéis dado cuenta de que vivimos en un sistema de corte neoliberal que tiende a consolidarse de una manera salvaje. Yo no quiero que mi hijo viva en un entorno subdesarrollado con carencias afectivas porque sus padres tienen que trabajar todo el día para hacer frente a las facturas básicas. No quiero que mi hijo sea carne de Hermano Mayor, o peor aún, de Gran Hermano.

-Los gilipollas. Se extienden como la pólvora, tanto que asusta y dan ganas de ir a vivir al monte. Ved “Idiocracia” y dadme la razón los que logréis entender la doble lectura de la película. Mi hijo sería un ser inteligente y sensible, es decir, un MARGINADO. A pesar de que me digan por activa y por pasiva que es “la mejor experiencia de tu vida”.

Yo veo a las madres con su vida laboral aparcada o detenida, con ojeras, estresadas, a gritos porque el niño no sé qué, con las que no se puede mantener una conversación adulta que no gire en torno a su hijo.

– Ideología: no sé en qué me podría encajar a nivel ideológico, las etiquetas no van conmigo, pero quiero tener CAPACIDAD DE DECISIÓN. Si me maltratan en un trabajo o me produce náuseas mi jefe o compañeros, quiero poder dejarlo sin que sea una carga para nadie. Si el lugar en el que vivo apesta o ya me aburre, o se ha degenerado de tal manera que no se puede acceder a un trabajo “normal”, quiero poder elegir cambiar de lugar de residencia sin que sea un trauma para nadie.

Lo que encaja con el primer punto: LA LIBERTAD. No para esas chorradas que dicen algunos de “es que me voy de viaje cuando quiero” o así, es que llegas a casa y hay paz, si quieres comes y si no pasas, o e haces una pasta porque no te apetece cocinar, o te echas a dormir porque estás molida. O te vas a dar una vuelta, o pones Telecinco porque necesitas ver colorines y retrasados mentales para recordarte a ti misma que eso de tener hijos (socorro) no va contigo.

PAZ

:)

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